Web en fase BETA

La Alianza Sangrienta Ep.3

img
Ago
29

La Alianza Sangrienta 
Hambre Negra

 

Al cuarto día de celebración, decidido, un ser interrumpió la ceremonia de iniciación. La puerta del palacio era antigua y pesada, necesitándose varios hombres para abrirla al completo, pero la extraña figura pudo abrirlas sin dificultad por sí sola. Sintió que ya no era piedra lo que pisaba y anduvo hasta llegar al final del telón, hacia el altar de ceremonias. Bajo la mirada de todos, se quitó la capucha que lo ocultaba. Un repentino pensamiento apareció por la mente de Dante, aunque no pudo relacionar los antiguos símbolos del extraño con la Alianza Sangrienta.

– Mis saludos, hermano.- dijo Dante.

– Hola a ti también. – dijo el Strigoi.

Era usual en el reino ver a otros vampiros ajenos a Dante, pero muy pocos mortales habían tenido ocasión de contemplar a un Strigoi.

– El festín que os estáis dando ha llamado mi atención, y he decidido unirme.– dijo el Strigoi.

Dante había tenido muy pocas experiencias con los vampiros del clan Strigoi. El vampiro lanzaba mortíferas miradas a los mortales a la vez que se relamía los labios, incomodando la humanidad de Dante.

– De todos los lugares a los que podrías haber ido, has caído aquí. ¿Quién eres, Strigoi? – dijo levantándose de su trono.

Los Strigois son vampiros lunáticos que han sobrevivido ocultos tras las ruinas de los reinos mortales. Viven atrapados en una ilusión horrenda, convencidos de que son nobles caballeros, con espléndidas armaduras plateadas. Las cortes de vampiros Strigois son presididas por un malévolo y perfecto depredador: El Rey Necrófago. Por debajo de él, se encuentra el resto de vampiros Strigois.

Esta parodia fantasmagórica afecta a los grandes reyes de los necrófagos con mucha más intensidad. La locura Strigoi se contagia entre los mortales y vampiros por igual, mientras los mortales caen rápidamente víctimas de las visiones seductoras de abundancia que ofrecen los reyes Strigoi con sus miradas, los vampiros sienten en sus negros corazones la inmensidad del hambre negra. Cabezón y letal en su creencia, estos reyes Strigois se consideran a sí mismos el pináculo de la nobleza y que el resto de seres son bestias salvajes, ignorando por completo su propio reflejo monstruoso. Pero para desgracia de Dante, desconocía todo esto.

– Soy el Señor Lord Bastond de Torrentera, Noble de los Reinos Fronterizos del poderoso imperio de Nagash. – dijo el Strigoi

 Necrarca_imagen_5ª

Los caballeros rubí rodearon al extraño por orden de Elaya, que mantenía la mano apoyada en su empuñadura. La criatura estaba iluminada por las antorchas, vestía atuendos de un caballero, pero bajo toda esa fachada no era más que una bestia.

Ciudadanos de Shyish, recordad que soy un hijo de Nagash, un superviviente, no puedo morir. – dijo el Strigoi.

– Tan solo hace dos lunas, vencí a un grupo de orcos que se organizaban a las afueras de esta ciudad. Siempre están ahí, al acecho, para destruir lo que habéis creado. La eternidad es muchísimo tiempo. ¿Cuánto creen que vuestro líder permanecerá en el poder? ¿Qué pasaría si vuestro líder fracasa y una de esas hordas Orruk libera su furia en esta ciudad? Puedo asegurarles, que eso no pasará conmigo.

Lejos de los conocimientos de Dante, el rey Strigoi estaba creando una ilusión en las mentes de los mortales, extendiendo su paranoia y delirio como una enfermedad. Elaya pudo ver el cambio en los rostros de los ciudadanos, comprendió que algo extraño estaba pasando, magia o no, aquel ser estaba influyendo en las mentes de sus subordinados.

Dante lanzó un grito desafiante – ¡Te has equivocado, Strigoi!

Caleb también se dio cuenta de ello, a pesar de no sentir magia en el aire ni percibir ningún encantamiento, aquel vampiro estaba manipulando las mentes de los mortales con alguna extraña facultad.

La bestia quedó sorprendida ante la violencia de las palabras.

Yo les tendría lástima a aquellos que se atreviesen a desafiarme, Dante. Os garantizo que sus muertes serán espectaculares.

Uno de los vampiros rubí se acercó hacia el Strigoi, con intención de reducirlo. La mano protegida por el guantelete del caballero agarró el hombro de la criatura y mantuvo la presión. El Rey Strigoi casi sintió pena por aquel ser al que percibía como un traidor que quería usurpar su trono. Súbitamente, le atravesó con el puño el pecho al soldado, rompiéndole las costillas y dejando salir el corazón negro cubierto de astillas de hueso por el otro lado de la armadura.

Para asombro de Dante y Caleb, los mortales no se escandalizaron al ver escena. Permanecían sentados en los asientos, contemplando algún tipo de ilusión que los engatusaba ajenos a la realidad. El vampiro Strigoi arrojó a un lado el muñeco roto que era el cuerpo del soldado. Mientras los caballeros rubí desenvainaban sus armas, el Strigoi siguió hablando:

– Tomando prestado el truco de un viejo amigo… quienquiera que recoja este corazón negro, vivirá. – Dijo el Strigoi dejando el corazón negro a sus pies. – Veamos, ¿Cuál de ustedes, magníficos bastardos, quiere unirse a mi?

Si alguien quiere ese corazón, jurar lealtad a este monstruo, que lo coja ahora. Adelante, la elección es vuestra. – dijo Dante.

El vampiro Strigoi podía sentir su magia sobre los mortales, incluso a pesar de que el joven nigromante recitaba sus estúpidos encantamientos de protección. Después de deleitarse con las visiones que le hacía ver a los humanos, el Strigoi lanzó una mirada a los caballeros rubí, y tras un momento reflexionó. ¿Cómo es posible que estos caballeros vampiros, criaturas inferiores, hayan aprendido a resistir mis habilidades? ¿Cuándo fue la última vez que pasó algo así? ¿Doscientos años? ¿Cómo es posible? El Strigoi sabía que había matado a uno de ellos. Recordó claramente como su garra atravesaba el pecho. ¡Son vampiros débiles! ¿Qué habilidad la de estos para resistir la llamada de las bestias a mis filas?

Dante sintió a la bestia de su interior, la que había encerrado en una jaula de cristal, responder a la llamada del Strigoi. Percibía como a través de la mirada de aquella criatura, más allá de las artes oscuras y más allá de los límites de cualquier vampiro, despertaba su bestia interior. Ante esta revelación, Dante quedó desanimado. Tras de defender su alma de la bestia, en cierto modo nunca la derrotó, solo la apartó de su vida

Elaya no quitaba los ojos del Strigoi, la voz de Dante resonaba firme bajo el rugir de su bestia interior, una bestia que había regresado para unirse al rey Necrófago.

Hubo un crujido de piedra cuando uno de los caballeros erró con su espada. Al instante, fue Elaya el que bloqueó torpemente el contra-ataque de la bestia, que hubiese decapitado a su hermano de haber acertado. Eran demasiado lentos para su rival.

Dante sacó su espada de la cintura y se unió a la pelea.

Ganando un precioso segundo, Dante hundió su espada siseando en el pecho del Strigoi, pero su estocada falló, por el grosor de un dedo, de acertarle en el corazón. El Strigoi se retorció y pateó, golpeando a varios de los mortales seducidos y matándolos en el acto. Dos caballeros agarraron al Strigoi de los hombros, incapacitándolo. Elaya aprovechó el momento y se apresuró a golpear con su espada en la garganta del monstruo. El golpe que nunca llegó. La mano del Strigoi agarró la hoja de Elaya con fuerza, con sangre filtrándose desde su mano.

Los ojos del Strigoi se tornaron negros y los caballeros rubí se estremecieron, algo que no habían sentido jamás. El monstruo simplemente arrancó la espada de Dante de su pecho con una mano, a la vez que partía en dos la espada de Elaya con la otra.

Elaya tartamudeó una petición de perdón, antes de que su cadáver se deslizara hacia el suelo. Riendo, el Strigoi giró alrededor del desarmado Dante, clavando sus garras sobre los dos soldados que aún trataban de reducirlo con sus brazos.

3

Dante se dio cuenta de su error. Hace mucho tiempo había oído leyendas sobre la gran fuerza de los Señores Strigoi, pero nunca se había imaginado que ese ser tan anquilosado y malnutrido, que parecía un cadáver marchito, pudiera moverse así. Nunca había imaginado que pudiera moverse tan rápido. Nunca había imaginado que pudiera atravesar las armaduras con tanta facilidad. Nunca había imaginado que esas manos esqueléticas podría romper el pecho de sus soldados tan rápidamente.

Elaya cayó, pero en el proceso, los ataques incesantes de sus hermanos golpearon, cortando los ropajes del monstruo y haciéndole emanar una sangre negra. Dante retrocedió al ver a su hijo morir, su hijo preferido, tan diestro como un elfo y leal como ninguno.

¡Dante! ¡Ven a acabar con esto! – clamó el Strigoi.

La criatura placaba a los resplandecientes caballeros, dejando tras de sí masas destrozadas de carne y metal.

No. No vayas. Coge el corazón.- susurró una voz familiar en la cabeza de Dante.

¿Qué? ¿Caleb? ¿Dónde estás cobarde? ¡Te necesito!- respondió Dante confundido.

No parará hasta que todos estén muertos, y te matará a ti también. Acaba con esto. ¡Coge el corazón del suelo!

Fuera de palacio, al norte de la ciudad, Caleb había apostado por huir del combate. Desde un lugar seguro, mediante un hechizo, aconsejó a Dante preservar su vida y la de sus hermanos. Intuitivamente el nigromante pensó que la presencia del Strigoi era demasiada casualidad, alguien quería ver muerto a Dante, algo que averiguaría en el futuro que es correcto.

Un gemido de frustración se hizo eco alrededor de la sala mientras el Strigoi seguía luchando contra los supervivientes de aquella masacre. Dante se arrodilló y recogió el corazón del suelo.

¡Bueno! El gran Dante, rey autoproclamado de este reino, arrodillado ante mí. Ahí lo tenéis.- dijo el Strigoi.

Te concedo las llaves de mi reino. Es tuyo.

Dante jamás olvidaría aquella derrota. Había sido vencido por una criatura mucho más poderosa, incluso con la intervención implacable de sus hijos.

Te invito a correr, a partir de hoy te condeno al exilio. Dante von Harrowgheist. Te daré muerte si vuelves por aquí.

El rey Strigoi perdonó la vida de Dante y sus caballeros, que fueron desterrados del reino. La maldad del instinto animal de un solo vampiro pudo acabar con su reinado. Al tiempo, la Alianza Sangrienta perdió el rastro de Dante y su progenie, a los que condenaron a correr para darles caza. El reino se vio consumido: los edificios acabaron en ruinas, la piel de sus ciudadanos se pudría, y poseídos por una extraña locura y hambre negra, se convirtieron en los súbditos del Rey Necrófago.

Tras la Alianza Sangrienta habían muchas mentes astutas y perversas, las mismas que habían puesto fin a la humanidad de Dante, con el contrincante que más encajaba para ello. Ahora los ciudadanos a los que tanto protegió estaban infectados, mezclándose con los no muertos, haciendo grande a un Rey Loco, guía de un nuevo futuro. Un mundo nuevo se acercaba con el final de Dante, el mismísimo demonio de su interior llamó a su puerta.

360 visitas totales, 2 hoy