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La Alianza Sangrienta Ep.2

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Ago
29

La Alianza Sangrienta 
Rituales de Iniciación

 

Desde los funestos días del despertar de Nagash, las estirpes vampíricas se han reafirmado como una parte importante y leal a su Dios. Temidos en las batallas y sedientos de sangre, son apreciados como poderosos líderes en las bastas legiones de no-muertos. Algunos reinos de Shyish como el que gobierna Dante, disponen de un código de conducta. Para garantizar el cumplimiento de las normas, Dante puso al servicio su propio linaje de vampiros, guerreros poderosos que defienden los valores del Juramento rojo, tanto en las calles del reino como en los campos de batalla.

 

Glorificaré el honor del juramento,

pues en nuestro linaje hallo mi fuerza.

No hallaré honor en la muerte de los débiles,

ni orgullo en la muerte de mis enemigos.

Defenderé el juramento rojo de Shyish,

Dante von Harrowgheist no verá amenaza sin castigo.

Jamás traicionaré este juramento,

pues mi deber solo halla su fin en la muerte.

Ritual de iniciación de Elaya von Harrowgheist

 

 

Dante y su ejército pronto volvieron a su ciudad. No necesitó ayuda del resto de reinos para vencer a los Orruks. Esto fue un error que pagaría más adelante por su soberbia. Los linajes vampíricos formaron antaño una alianza bajo el liderazgo de Lord Harrowgheist, la Alianza Sangrienta, creada para preservar las estirpes y combatir las fuerzas abrumadoras del caos y el resto de razas que componen los ocho mundos.

Tras la victoria contra el líder pielverde, la alianza sangrienta no tardó en reaccionar. Dante era un vampiro arrogante, desconfiado e independiente. La alianza sangrienta estaba constituida por seres tan orgullosos como antiguos y, ante el temor de posibles traiciones, no toleraban que los integrantes operasen por su cuenta. Como primer hijo de Lord Harrowgheist, padre creador de la Alianza Sangrienta, Dante creía que todos los que le rodeaban le debían obediencia.

Semanas después, tras la pérdida de varios caballeros rubí en la batalla contra los Orruks, Dante organizó un nuevo ritual para recuperar sus pérdidas. La creación de un vampiro nunca se toma a la ligera ni con frivolidad, sino con orgullo, reverencia, pasión y compromiso, pero en el caso del Juramento Rojo, iba más allá.

Cuando el elegido resurge del beso de sangre, despierta con un espíritu renovado. Conserva todos los pensamientos y recuerdos de su vida, pero en su interior ahora convive con una oscura bestia que les impulsa a cazar y alimentarse de sus presas. El juramento rojo repudia a esta bestia, una oscuridad que consume a su huésped, para no seguir lastrado por el peso de un alma.

Los elegidos fueron seleccionados entre los admiradores y súbditos de Dante. Se congregaron alrededor del palacio cuando se dio la noticia. ¿Cómo no podría ser así? La popularidad de Dante era grande y muy extendida en su reino. Ser miembro de la hermandad juramentada es todo aquello a lo que aspiran los mortales y ven en su señor, un Dios perfecto. La ingente cantidad de mortales que anhelan convertirse en caballeros rubí es otro de los motivos por los que Dante es tan cuidadoso con sus elecciones: si concediese el don de la inmortalidad con demasiada frecuencia, todo su linaje se llenaría de necios y débiles.

En esta ocasión, Caleb se presentó como candidato de recibir el Beso de sangre. El nigromante había demostrado su valor como lugarteniente. El don le otorgaría un talento mágico verdaderamente excepcional y una obsesión total por la materia. Pero Dante no podía arriesgarse a perder sus servicios, le resultaba demasiado valioso.

El ritual de iniciación es la prueba más dura a la que ha de enfrentarse el neonato. La oleada de poder y control que recibe el vampiro es embriagadora, a menudo abrumadora, y este impulso viene acompañado de un demonio interior que le insta a beber sangre con desenfreno. El juramento Rojo comienza con mantener a raya este primer instinto. La mayoría de vampiros al nacer sienten que este ansia no puede ni debe negarse, y en ese momento son ejecutados por sus hermanos. En consecuencia, y para asegurarse de que no perdería a su aliado, Dante tomó medidas contra Caleb y le negó el don.

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Para aquellas fiestas, Dante estaba seguro de que al menos uno de los candidatos pasaría la prueba. La celebración del ritual tiene como costumbre invitar a los nobles del reino para presenciar el nacimiento de todos los caballeros rubí. Dante siempre ha pensado que involucrar a los humanos en sus planes les daría cercanía, y sería menos probable un acto de rebeldía si se sentían parte del gobierno.

Esta ceremonia religiosa era recibida de forma festiva en el reino, para los humanos suponía una oportunidad de evolucionar en la vida y honrar a sus familias; para los vampiros suponía un buffet libre después de semanas de ayuno. Dante no poseía solo una gran maestría en batalla, también sabía manipular a sus súbditos. Al comenzar la ceremonia, los aspirantes se despidieron de sus familias y subieron al trono de su señor. Como era de esperar, la naturaleza del cambio fue demasiado fuerte para todos los seleccionados. Los famélicos neonatos, sedientos de sed, se arrojaron a hacia el público atraídos por el olor de la sangre caliente.

Las familias de nobles veían como sus hijos, hermanos y padres sucumbían al salvajismo y, llenos de vergüenza y deshonra, alzaban su mano en señal de aceptación, dando paso así a la ejecución de sus seres queridos para preservar la honra y dignidad de la familia. Dante veía en esta tradición un juramento de fidelidad entre los humanos.

Los caballeros rubí se encargaban de retener a los neonatos con sus brazos, contemplando cómo se retorcían anhelando la sangre fresca del conjunto de personas que asistían al ritual. Los juramentados esperan con deseo estas fechas, pues con el consentimiento de las familias, podían alimentarse de los que repudian el código, surtiéndose un copioso festín. Cada día se repetía el ritual, que se prolongaba hasta que algún humano conseguía retener su sed de sangre de forma natural.

Para alimentarse de estos neonatos, Dante les permitía a sus hijos liberar su bestia interior, como hacen tras las batallas, para que los humanos contemplasen la verdadera naturaleza que hay tras la perfecta doctrina de comportamiento que exhibían su élite. El espectáculo siempre era sangriento y silencioso. Los caballeros rubí, pertrechados con su magnífica armadura carmesí, se movían suavemente y, con gracia, partían los cuellos de los neonatos, sembrando la locura y la desesperación en las miradas aterradas de los mortales.

Konrad_von_Carstein

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