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La Alianza Sangrienta Ep.1

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Ago
25

La Alianza Sangrienta 
La batalla del ídolo Verde

 

Dante contempló aquella colina deprimente y miró fijamente con los dientes apretados la marabunta de enemigos. Con un despectivo movimiento de su mano, la falange de guerreros esqueletos se preparó para la batalla. Resultaba esencial tener la iniciativa, pues tendría que lanzar a sus bestias contra el enemigo y así desbandarlos. Después de todo, no eran más que Orruks, y en su mayoría Ardboys.

Aunque se había pasado mucho tiempo dirigiendo ejércitos contra los pielesverdes, no reconoció que lo que se hallaba ante él no era una masa indisciplinada ni presa del pánico, sino un ejército dispuesto en formación de combate llamados al Waghhh por un bestial Líder Orruk. Las filas de criaturas acorazadas se extendían por todo el horizonte del abismo, interrumpido por un grupo de anchos y gruesos Ardboys. También había observado dos grupos de orcos que continuamente golpeaban sus rebanadoras contra los escudos para demostrar su ferocidad en ambos flancos. Asimismo, un comandante cauteloso habría tenido en cuenta, con creciente agitación, las colinas que se alzaban sobre el terreno, ocultando a la visión.

Sin embargo, esos detalles se encontraban lejos de las preocupaciones de Dante. El grueso de su ejército estaba compuesto por esqueletos autómatas bajo su control, y sin percibir las señales la falange avanzó hacia la emboscada perfecta. Y así continuaron marchando.

Captura

Cuando el paso monótono de la legión no muerta llegó a la posición elegida por Dante, soltaron a los lobos espectrales hacia los pielesverdes. Sus aullidos hicieron eco a kilómetros del lugar, lobos gigantes imbuidos por magia negra se lanzaron a la carrera por el páramo.

Una unidad de orcos reaccionó a la carga marchando contra sus enemigos. Con un estruendo impactaron las primeras rebanadoras sobre los lobos y resonaron chasquidos de huesos rotos a medida que los orcos se abalanzaban. Sin sentir dolor ni preocupación, los lobos atacaban las filas pielesverdes a la vez que iban siendo masacrados, mordiendo los escudos de madera orca en un intento fallido de desgarrar a sus enemigos.

Entre las filas orcas aparecieron tres grandes criaturas que recordaban a jabalíes pero con el tamaño de rinocerontes. A lomos de estos seres, unos Orruks acorazados hacían de jinetes, dirigiendo a sus monturas en dirección al combate. Al embestir, la piel no muerta de los lobos se desintegró y la energía mágica que los mantenía enteros se desvaneció, quedando solo jirones de piel y cadáveres por los suelos.

Tras la distracción que supusieron los lobos al ejército pielverde, la legión de esqueletos avanzó a paso unísono hacia el enemigo. Cuando la primera línea de autómatas de hueso avanzó unos metros, los Orruks desataron una de sus armas secretas. Con estridentes gritos de júbilo, aparecieron dos humanoides pequeños, vestidos de negro. Tan pronto como la horda hubo cerrado filas tras ellos, estos individuos avanzaron tambaleándose como si alguna droga les afectase. Cada uno de ellos comenzó a orar a su Dios Gorko (o quizás Morko) que Dante reconoció como poderosa Magia Pielverde. Tal era el ímpetu y el poder de aquellas frases que un misil atravesó las formaciones esqueléticas haciendo saltar por los aires huesos y escudos rotos por igual, de modo que incluso cuando el vórtice se desvaneció, todavía era posible contemplar la masacre por los restos del ejército que aún caían del cielo sobre las filas no-muertas. El número de no-muertos fue lo suficiente grande como para aguantar la acometida mágica, pero el desgaste, de momento, supuso una ventaja para el enemigo.

Con el inesperado golpe mágico de los chamanes goblins, la situación en el centro amenazó con convertirse en debacle para los no-muertos si ordenaba la carga. El nigromante del ejercito no-muerto, Caleb, no había podido dispersar la magia de aquellos condenados Goblins drogados, lo que creó una profunda inseguridad en la cabeza de Dante.

Al frente de la columna de ataque Orruk, apareció un individuo grande como un troll, acorazado con la misma armadura que portaban los Ardboys. Dante reconoció al Jefe que lideraba aquella horda pielverde al instante. El comandante orco pisoteó el suelo y gritó con fuerza, a lo que todo el ejército acompañó con sus brutales rugidos. El poderoso líder Orruk lideró la carga.2

Era exactamente lo que Dante había deseado  “contra más luchas gane un Orruk, más grande se vuelve, hasta ser líderes con una inmensa masa muscular en la búsqueda de cráneos que machacar” . Esa era precisamente el tipo de lucha que le resultaba favorable a los Caballeros Rubí, una oportunidad perfecta para golpear al general expuesto.

Los planes de Dante estaban en ruinas si sus caballeros Rubí fracasaban en su misión. Lo peor era el auténtico ultraje que aquello suponía, pues él era el lacayo de Lord Harrowgheist, y dar explicaciones de las derrotas podía incluso costarle la vida.

Con ojos resplandeciendo con un fulgor carmesí dijo:

– No sintáis vergüenza por morir a manos de un ser superior, pues no hallarán honor en ello si nos vencen. ¿Tenéis hambre hermanos? ¡Démonos un festín!.

Al fin, los doce caballeros que habían sido convocados, y Dante detrás de la formación en punta de flecha, iniciaron una veloz carga avanzando por el limpio camino que había dejado la Magia Verde sobre la falange de esqueletos.

Al avanzar por la llanura del páramo, expusieron los flancos y la retaguardia, pero ya de poco importaba, la decisión estaba tomada. La caballería se encontraba sola en mitad del campo de batalla. Como un escuadrón suicida en dirección directa al desafiante líder Orruk y los cientos de orcos que alzaban sus armas a la carrera.

Moviéndose más rápido que ninguna criatura natural, los Caballeros Rubí se apartaron fluidamente de los ataques de las unidades Orruks al tiempo que esquivaban el feroz ataque de su líder. Como respuesta, las lanzas se clavaron en los pielesverdes empalando a muchos de ellos. Tras esto, algunos de los caballos se encabritaron e hicieron caer a sus jinetes, siendo aplastados por el líder Orruk y la gran rebanadora que portaba en sus brazos del tamaño de un caballo.

El Kastellan Elaya, Caballero Rubí, campeón de la unidad y mejor soldado de Dante, hizo relampaguear su espada haciendo manar la sangre del gran monstruo verde. Comenzó así un duelo entre ferocidad y fuerza bruta del enfurecido líder Orruk contra la fiereza mercúrica del vampiro.

Aunque el gran pielverde superaba por mucho en tamaño al vampiro, el combate estaba muy igualado gracias a la presencia inspiradora Dante y sus hermanos. El líder Orruk trataba de asestar un golpe decisivo contra el veloz vampiro, pero una y otra vez él evadía los golpes propinados por la rebanadora. Sin embargo, poco a poco las tornas fueron cambiando en el combate. La horda infinita de orcos caía sobre los caballeros y los cadáveres se apilaban a su alrededor. Nada ni nadie podría aguantar a la horda eternamente, y aquellos Ardboys parecían poseídos por el poder destructivo de su general, luchando con una fuerza impropia de un ser mortal.

Tras esquivar el ataque de un puño del tamaño de una hoja guadaña, Dante dio la orden. Simultáneamente, y como si de un mismo ser se tratase, los caballeros rubí que aún sobrevivían se abalanzaron sobre la brutal silueta, dando grandes zancadas, hasta que sus espadas se hendieron profundamente en el enemigo. Prosiguieron acuchillándolo hasta que el Kastellan dio su golpe, un tajo a dos manos, que partió el pecho de la gran criatura. Solo cuando el descomunal cuerpo orco se hubo desplomado, extrajo el Kastellan su hoja de aquel cadáver que aún se retorcía. Y solo entonces Dante se giró para ver que sus legiones de guerreros esqueletos ya habían llegado para apoyarle.

Con un movimiento, Dante indicó a su segundo al mando, Caleb, la orden de avanzar. Más allá de donde se encontraba el nigromante, reinaba un auténtico caos. Todo sentido del orden de batalla se había perdido cuando Caleb invocó a sus jinetes traídos del pasado, bestias enormes cabalgadas por la guardia sepulcral de una antigua dinastía ya extinta, y estos cargaron contra la línea de orcos.

El suelo estaba lleno de pertrechos rotos, no-muertos caídos y pielesverdes muertos. Aquí y allá, en grupos aislados, algún regimiento de esqueletos aún combatía contra los Ardboys más feroces, aunque con ritmo más lento y tambaleante que antes. En uno de los momentos, los chamanes lanzaron desesperadamente otra ráfaga de magia verde sobre los no-muertos, pero esta vez, en un intento de retomar la batalla, aniquilaron a muchos orcos con su propia magia, lo que hizo aumentar el pánico pielverde.

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Dante sintió como se apoderaba de la victoria. Mientras sus Caballeros vampiros iniciaron una segunda carga, los pielesverdes emprendieron su huída al desmoralizarse. Se empujaban y golpeaban mientras se apresuraban en dirección contraria a los no-muertos sin ningún líder que se lo prohibiese. Aquellos lo demasiado heridos, fueron abandonados a su suerte. Al final los Gore-Gruntas cayeron bajo las lanzas de la Guardia sepulcral de Caleb y en ese instante, la batalla acabó.

Llevaban tras la partida Orruk varias semanas, pero nadie se imaginó que fuese un ejército lo que llegó desde el portal al mundo de Shyish. Tras la batalla, inspeccionaron los cadáveres y encontraron algunas armaduras con trofeos del Caos. Probablemente en otros frentes, los Orruks se han topado con destacamentos del Caos, pensó Dante. Uno de los chamanes goblins había sido aplastado por la marabunta de orcos a la huída. Se encontraba desfigurado y pisoteado, pero mirándolo con perspectiva, de algún modo, la lengua fuera y los ojos perdidos le resultaron cómicos al vampiro.

Por curiosidad, Caleb inspeccionó la bandolera de tela negra que llevaba el chamán. Encontró unas setas alucinógenas, probablemente mágicas y muy peligrosas, que aún siendo de poco interés para el nigromante, lo guardó para futuros experimentos. Bajo el cuello, el chamán guardaba un ídolo tallado en roca negra. Caleb reconoció al instante el artefacto y lo guardó en su faltriquera.

Los acontecimientos se habían precipitado pero, al final, la suerte sonrió a Dante y el general Orruk se expuso lo suficiente como para ser cazado por la unidad élite de su ejército. Dante y Caleb sabían que gracias a esa victoria, obtendrían el favor del Lord Harrowgheist.

Ver Batalla en Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=GqvHurjL5JI

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